Cara norte del Eiger, vía clásica Heckmair

Mira el blog de Ueli Steck y te llamo de 15 minutos- me dijo mi amigo Jorge por teléfono. Ulie acababa de subir a la carrera la via Heckmair con Kilian Jornet y decía que estaba en muy buenas condiciones. A los dos días salíamos para Ginebra en avión y de ahí alquilamos un coche para llegar a Interlaken. El alpinismo es oportunismo y hoy con la cantidad de información que hay en internet  acertar se hace mucho más fácil. Todo tiene que salir bien, tengo las tres patas del éxito alpino: condiciones, anticiclón y (buen) compañero.


En Interlaken dormimos en la gite Balmers, un lugar de lo más recomendable. Por la mañana cogemos el tren hasta la famosa  estación de Kleine Scheidegg, lugar desde donde se ve la cara norte del Eiger y desde donde se retransmitían los intentos de conquistar la célebre pared. Nosotros optamos por dormir en el albergue de la estación, una opción cara pero muy cómoda y con un desayuno estupendo.





Esa tarde fuimos hasta la base de la pared para reconocer la aproximación y la entrada de la vía. Tan solo se tarda 1.30h en llegar y la entrada se ve bastante clara, aún así no vamos a madrugar mucho para no escalar demasiado de noche  que luego los despistes se pagan caros.
Al final entramos los últimos de cuatro cordadas, ¡Joder cómo madruga la peña!. Nosotros a lo españolito a eso de las 5:00 estábamos empezando la vía. Escalamos sin cuerda hasta la base de la fisura difícil, unos 300 metros de terreno nevado y pequeños resaltes de roca y hielo. Un terreno que en verano debe ser una escombrera y que ahora (Noviembre) está mucho más fácil. ¡Nacho, ten cuidado me decía! Miraba para abajo de vez en cuando para ser consciente de la necesidad de estar concentrado.





La fisura difícil es difícil de verdad. Los piolets, un tramo  colgando del arnés, un tramo en las manos. Esa fue la tónica de los largos más roqueros de la vía. Eso sí los crampones no nos los quitamos en toda la vía.


Los neveros centrales estaban unidos por cascadas de hielo y se avanzaba muy rápido.






Llegamos al vivac de la muerte a las 13:00, pronto para parar pero tenemos dos cordadas a dos largos en la rampa. Les hemos ganado mucho terreno y no va a ser fácil adelantarles en este tramo de la pared. Además por encima los emplazamientos de vivac son peores, así que decidimos quedarnos tranquilamente a descansar y mañana será otro día.


El segundo día es más de escalar. Primero la rampa que hacemos de noche, luego una zona de terreno mixto cerdo, de saber escalar, después la travesía de los dioses, la araña, la goulotte de salida y el  diedro final de mixto. Tanto había leído sobre el Eiger que todos esos nombres formaban parte de mi cultura montañera, ahora por fin, también forman parte de mis recuerdos.







En la arista, con práctica de cuerda corta incluida, disfrutamos del sol. No hemos pasado mucho frio pero el sol suave de montaña en la cara siempre resulta agradable.



La bajada es relativamente fácil y no muy larga, en unas 3 horas estamos de nuevo en la estación, eso sí , esta vez no pagaremos el albergue, que por algo somos españolitos. Al día siguiente bajamos tranquilamente a Grindelwald  ( 2h 30 min) hablando de planes y futuro, algunos de escalada y otro vitales.


Me encanta escalar con buenos amigos. Más allá del plano deportivo, de haber cumplido un pequeño sueño, esta actividad me desvela con poco más de mi, de mis miedos, mis pensamientos, de lo que quiero ser y de lo que soy en realidad.


Nacho Burgués